31 ago. 2009




Obsoletos objetos por mis manos pasan, de A a B, de un punto a otro. No se deducir mi ubicación, quizás me encuentre entre A y B, o sea C. Podría ser que A y B me entregan a mi tales artilugios, a C. O también puede existir D, pero no me escucha.
Nadie escucha, ni a mi ni a nadie. Nadie es nada entonces, y la nada será algo… ¿Sino que valdría su presencia? solo opacidad o intriga.
¡Que sea nada si debe ser! Pero algo será al pensarla. Solo pensándola persiste, solo en esta nada. Mi silencio y yo, el algo sin nadie, sin resto o sobra. Nada.
Con pies negros derivo, consternado por la infinidad de pasadizos, a los que me atribuyo un paso mas de ellos. Soy parte de muro y fuego ágil, en esta nada, pacifica y desoladora.
En mis pensares un profeta, una alucinación del ficticio recorrer. Gurú de esta travesía desconcertante, no habla, y otra vez nada.
Siempre suele ganar, más cuando es memorizada, consecutiva en los filos de una pluma entintada, fortuita en la imaginación corregida del ser divino, estelar o recóndito. Mi dios, mi nada y palabra raptada.

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