31 ago. 2009

Del oriente impone

Los restos de un fenicio de manos fetiches acosa mi ventana en noches serenas, besa el cristal con sensual delicadeza mientras cuelga fuego de sus cielos, al bailar en llamas, mas sobre su destreza.
-¡Astarté!
Felino de inyectables uñas merma mis más preciadas ganas de evitarlo, malgasta saliva en frases sonadas, en repetitivas muecas propias de carcelero embriagado, luciendo el brillo del mero vidrio sutil, lustrando mis sueños en placebo, incógnito era este adorar, ¿hasta cuando fue?
Porque no cesa de bailar, de promulgar con sus giros mi fatua agonía, pereciendo en las tormentosas pesadillas, cuales me brindo. De estas fui amigo y obseso, durante un reposo de péndulos vencidos, a contraluz de nubes pretendo descubrirme, abolir la solución.

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