18 dic. 2008

Sin angulos. Ni paredes

No se como, ni porque. Es mas, no se cuando ocurrió, pero fue así, y supongo que no pude remediarlo; de haberlo hecho ahora no estaría aquí.

Cuando me refiero aquí no es una suposición. Lo estoy, y aunque esto que ahora digo no lo escriba, se que lo pienso en este instante. Por que de mi llegada a este extremo, supongo que no existen las experiencias ni los argumentos. Intuyo que estoy acostado, en reposo, como un vegetal coloquialmente hablando. No puedo ver nada, y desconozco la causa de mi ceguera. Pero se que es real; la noto, intento abrir los ojos sin éxito alguno, ¿Qué hago?, no lo se.

No se muchas cosas, ni lo que mi cabeza percibe. Se observa como tal, un esplendor a lo lejos. ¿y a que se debe mi falta de memoria?. No noto signos de daño físico, simplemente me desprendieron las retinas. Es triste, despiadado, hasta incluso visceral. También es lo cierto, el olvidar me hizo aprender.

Escucho la puerta. ¿Quién me cuida?, alguien lo hará, ya que:

A- No se quien soy, ni que se.

B- Alguien sabrá de mí.

C- ¿Será malo o bueno?

Barajo las cartas, múltiples soluciones hallo, todas ficticias. No se que aguarda en lo real, en las cosas de color. Memorizo, memorizo. Color… un color que distinga ese aroma. ¡Gris!, pero por que motivo ese color. Me pica la cabeza, reflexiono. No tiene lógica que sea gris.

Nuevamente la puerta. Un momento, esta puerta es más próxima a mí. ¿Vendrán a matarme?, ¿Quién o quienes serán?

Mis odios, se hacen sordos…

Recuerdo algo temprano, los colores. Deduzco el rojo. Si, imposible confundirse, mas con la practica. Si es rojo atrae mi intriga, como siempre, la impaciencia me vence:

- ¿puedo ayudarte?

- Necesito tu vida…

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