7 sept. 2009


Como siempre, recurriendo a la frialdad, abrazado a una silueta metálica, lumínica, resplandeciente donde las haya. Lastima me da que solo de noche pueda guiar, pueda ser útil, dulces anomalías.
Rara vez me vi dialogando frente a ella, mas algunas nostalgias le conté. No las suficientes como para pretender llorar, pero si pensar, bajo su luz, dentro de ella.
Y de esta “ridícula” manera me distanciaba de aquella amante nocturna, desprendiéndome de sus sombras ocultas, dejando parte de emociones junto a su base obtusa, sobre los jardines que comprendían su paisaje.
Un lirio despojado de su esencia bebe en los sauces arcaicos, los llantos de su extraña naturalidad recorren el tallo, lo bailan en su sensual marea. Duermen la tierra amoldada al espesor de los días, surcan los filamentos platinos su contorno, estéril, casi divino, dirían dioses. Besa las hojas en fulgores ardidos de ensueño, delicadas manos de manantial sean quienes acarician su textura, trencen el cielo y hablen por mí.

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