30 dic. 2008

dulce sueño, dulce semblanza

Tal vez resulte fácil para algunas personas evadir un sentimiento, una carencia. Quizás sea más simple de lo que pienso, si es que pienso o razono alguna lógica real. Lo que en verdad importa es el transcurso de estos días pasados, entre avenidas blanquecinas y grutas que envejecen algún rincón ficticio de mi ser. Caminando; sin orden y meta alguna, intentando buscar algo, ¿Qué busco? Supongo que a mi mismo, enredándome entre tanta muchedumbre y callejones rancios de putrefacción, viendo a una sociedad uniforme asaltar las calles sin merito premeditado o solo por al ambiguo placer de respirar, cosa que noto, pero deduzco que tampoco se a que se debe.

Pero bueno, se que el fin se acerca burlescamente, como si de antemano supiese que nada puede detenerlo; ni nombrarlo. Ya que lo creemos peligroso y atemorizador. No me importa, tan siquiera ese sentimiento de muerte y desgano que se palpa en los rincones, no lo veo natural ni mucho menos factible a la hora de realizarme como alma que me considero, intento configurar la realidad como algo que no veo ni acostumbro a soñar, ¿entonces que es aquello que definimos como “realidad”? no lo se, nadie lo sabe porque nadie vive en si.

Y mis delirios suelen ser aliviados, o dosificados en cristales sin cierre. Mis delirios. Los tuyos también.

Aun mayor que eso es mi odio hacia todo aparato que sirva como método de locución, en el que se utilice la palabra como sinónimo de afecto y no el afecto como exaltación del deseo. Ira concierno al sentarme en una rígida butaca azul y comenzar con los epitafios que poco tiene que ver con mi muerte, si es que muerto estoy. En caso de que mi defunción sea real todo esto no tendría sentido alguno, ¿Quién es capaz de escuchar a un muerto? Yo por lo menos no. Pero eso no importa.

Hablaba de maquinas, relojes, cosas que funcionan por la simple causa que los produjo, cables y chispas de los arcángeles caídos, programados para que nuestra efectividad sea evidencia de uno mismo, ya no valgo para eso, ni para nada que lo atribuya. Ni tan siquiera soy ejemplo de bondad o existencia, una maquina se implica para hacerlo por mi, todo y aquello, tal y lo otro, nada resumamos. Porque hoy no soy libre, y si conociera a la libertad a primera instancia la despreciaría sin remedio alguno, si la conociese. Pero los relojes continúan funcionando, y las leyes cumpliéndose… en su medida más adecuada. Somos pecadores, sin dios existente, y si algún dios cree en mi soy el mismísimo, me impongo el derecho de hacer o permanecer, discurrir, destruir, amar, implorar, todo fabricado por maquinas.

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