18 ago. 2011

En el juego ya poco tiene sentido, en el rumbo y en la muerte, un seísmo converge entre nuestras pieles, mientras murciélagos tejen sonidos. 
La interrumpe un colosal precipicio…
-mire, de su posición a la ventana la distancian escasos metros, podría someterla, incluso arrastrarla hasta ella, y como un saco de arena levantarla, hundirla en mis huesos. Podría decirle que la amo, y no me creería, tal vez pueda soltarla y que el impacto se apiade. En mis sesos usted, por sobre el resto, por sobre este momento también, todos tenemos. ¿Qué tenemos? Que…
La entusiasma la idea de la noche, la penumbra derritiendo los edificios colindantes, todo eso. La aflige el dolor, levemente, pausadamente. Le gusta su sabor, su sudor, desea permanecer paciente, austera.
Si por ella fuese… que un arma y su mano convergiesen, en cualquier esquina de cualquier asqueroso barrio

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